Cuando quieres compartir con alguien todo lo que tienes dentro, no hay nada mejor que escribir. Paso las horas muertas en mi habitación escribiendo en una libreta, todos mis pensamientos, así que dejo volar la imaginación. Siempre me ha apasionado escribir pero nunca se lo he contado a nadie. Ya sabéis por el que dirán y esas cosas... Con cada historia que he ido publicando he aprendido más como persona he crecido como ser humano. Escribir siempre me ha ayudado a calmarme, a estar tranquila y no pensar, es una forma de desahogarme de todo lo que llevo dentro.
Podría contar muchas cosas decir que el amor, es maravilloso y muy complejo a la misma vez. Que nos saca de nosotros mismos, y nos convertimos en otra clase de personas. Esa clase de personas que aun sabiendo la verdad prefieren hacer oídos sordos, esas personas que aunque le duela vuelve a perdonar, una detrás de otra, y esa clase de personas que se echa la culpa así mismo/a, de algo que no ha echo el/ella. El amor nos ciega muchas veces, y a veces no queremos ver lo que ya sabemos, por el echo de no perder a esa persona. Que tapamos muchas cosas por no hacernos daños a nosotros mismos, que mentimos a las personas que están a nuestro lado. Que lloramos a escondidas, que nos sentimos vacíos/as.
Otro día duro para mi, quizás hasta el más duro que nunca pensé que tendría. Hoy he vuelto a abrir la caja del dolor, de las ilusiones, y he sentido nostalgia. Nostalgia por las ilusiones, las risas, los momentos en que me hacías sentir pequeña, en un mundo de gigantes. Me he dado cuenta de que todas esas cosas, me dolieron. Sigo pensando que lo mejor hubiese sido haberme dejado consumir por las sombras y perderme en tus recuerdos, no permitirte conocerme nunca pero quería que supieras quien era, lo que sentía y todo lo que significabas para mi. Si he vuelto abrir la caja es porque siento la necesidad, de contar algo que nunca te he contado, contarte que, desde que se fueron todas esas cosas, siento un enorme vació en el pecho.
Es asombrosa la capacidad
que tenemos de hacernos creer a nosotros mismos que algo ha sido olvidado. De
dejar de sentir, de hacer como si no existiese, como si nunca hubiese habido
nada. La capacidad de convencernos a nosotros mismos de que ya no pensamos en
ello, de que si estuvo lo hizo en un pasado, que el presente se construye con
los recuerdos, pero nunca se vive de ellos. O eso nos creemos, creemos que ya no queremos a una persona por el echo de que ya no sientes por ella, pero no es del todo así. Simplemente estamos escondiendo lo que sentimos, porque tenemos miedo a que nos hagan daño, y sabes que lo que te duele es lo que más engancha. O puede ser que ya no sientas por él o ella, pero sigue rondando en tu cabeza porque sabes que una parte de ella todavía no a muerto, dentro de ti que no esta todo acabado.
Y retrocedo en el tiempo a la misma velocidad que las agujas del reloj. Retrocedo pensando en que momento empezó todo, y ahora losé. Empezó justamente cuando tenía que empezar en ese instante en que mi vida cambio por completo. Mi alma se volvió mucho más frágil, como la delicadeza de un corazón roto. Por fuera estaba bien, pero por dentro nadie sabía como me sentía en realidad, era como si todo mi cuerpo dejara de estar vivo era como no tener fuerzas para levantarte. Mi estomagó se cerro como se cierra una ventana a las 4 de la mañana por el frió. Apenas me quedaban fuerzas para seguir hacía delante...
Es inevitable dejar de querer a alguien por mucho daño que te haya echo. Al fin y al cabo todo son etapas en la vida, y siempre aprendes de ellas. Cuando se cierra una puerta se abren otras miles. Lo malo es quedarse aferrado a algo o alguien por miedo a perderle. Ese miedo incapaz de decir lo que sentimos, ese miedo que nos prohíbe abrir la puerta hacia la libertad, ese miedo de dejar que una persona se vaya de tu vida. Cuando echamos la vista atrás y vemos todas las cosas que hemos dejado por el miedo, nos damos cuenta que en realidad hemos sido nosotros mismos quien hemos tomado esa decisión. Y claro que de todo se sale, pero nunca olvidamos de donde se sale ni a que lugar pertenecemos, ni a que personas decidimos querer. Todo son etapas, que la vida te pone para que crezcas como ser humano, es imposible decir que te ha dejado de importar una persona cuando es en lo primero que piensas, pero todo es fachada, sabes que diciendo que no te importa te dolerá menos pero no es verdad. Todo duele, todo deja marca. Nos engañamos a nosotros mismos diciendo que, el amor es algo bonito.
El verano es época de festivales, de conciertos, de cine, de cañas, en definitiva de salidas y planificación nocturna. No porque nos hayamos transformado de repente y nos hayamos vuelto nocturnos, si no porque creo que es el mejor momento del día para salir a la calle sin quedarte fundido por el calor en el asfalto. Planes nocturnos por un tubo, nos convertimos en búhos que agradecen hasta la más mínima brisa de aire teñido de la oscuridad de la noche. Al final creo que hay algo impepinable: cuando te sientes bien por dentro se refleja por fuera. Los ojos te brillan y hasta el cutis se vuelve terso y luminoso. Al final, lo que sientes, lo que te ocurre en la vida, acaba siendo un espejo en el que se refleja lo que llevas dentro.
Dicen que la venganza es dulce.
Aunque en realidad no estoy hablando de ese tipo de venganza, sino de una que de verdad cala hasta los huesos, y que se llama seguir adelante, avanzar, perdonar. Llámala como quieras, pero te aseguro que es la más efectiva y dolorosa venganza que puedes hacerle a alguien que has querido, o quieres, y bueno, también, lo más efectivo y tranquilizante para ti.Parte, primero que nada, por liberar toda esa pena. Llora, grita y vuelve a llorar. Vive el duelo, y luego, sigue adelante. Pon tu mejor cara y vuelve a encaminarte. Mira hacia al frente, jamás hacia atrás, con esa atractiva cara que solo tú sabes hacer. Sé esa maldita mujer que siempre quisiste ser y borra toda evidencia de él.
No fue sencillo darme cuenta de que quererte no era suficiente.
Quiero que sepas que no fue sencillo, esto de darme cuenta que quererte no era suficiente. Las películas, los libros, todo a nuestro alrededor nos tiene convencidos de que el amor siempre será más fuerte, y aunque pueda parecer un poco duro de mi parte, creo que en nuestro caso no fue así. No fue suficiente sentir que el corazón me latía cada vez más fuerte cuando tus brazos me rodeaban, ni pensar que finalmente había encontrado la persona con la que construiría mi hogar. Yo quería seguir tomando tu mano todas las mañanas al salir de casa, quería seguir diciendo buenas noches cada vez que apagáramos la luz incluso si ibas a dormir justo a mi lado. También quería otras cosas que no eran tan buenas como seguir ignorando el vacío en tus ojos y la forma en la que mirabas a otras chicas.
Se que probablemente no leerás esto, pero si te escribo es porque así el dolor no se me queda tan dentro. Verás no tengo nada claro, se que me mientes mucho, que nada de lo que me juras es verdad y yo desde que te conozco he intentado confiar en ti, pero por una cosa o otra la confianza que tu tienes en mi, no la tengo yo en ti. El echo de que te escriba no es para decirte lo que siento hacia ti porque tu ya lo sabes, es el echo de que me he cansado de estar ahí para ti, porque si. Me he cansado de tus mentiras, de tus idas y venidas, de tus altos y bajos, de tu forma de ser, de que yo siempre, que te preguntan por mi sea la mala, de que digas que me sigues el rollo cuando tu escribes lo que tu quieres, lo has vuelto hacer, y no cambiaras porque eres así, yo no puedo cambiarte ni puedo darte más oportunidades para que te des cuenta de las cosas, supongo que hasta que no pasa algo no te das cuenta, pues te tienes que dar cuenta tu solo. Yo no puedo perdonarte otra vez como he echo antes, no porque se me rompe el alma, porque me he dado cuenta de que tu eres un momento de debilidad, y ya está, que vale que tu me calmas pero también me haces sentir la más mierda, de ahí el refrán de '' Que el que te hace llorar sea el mismo que te hace reír''.










